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Dígale ¡no! a la gripe

Octubre de 2012 · Por: Robert A. Johnson Para: Revista Saludablemente
Dígale ¡no! a la gripe

¿Puede usted pasar un invierno sin el riesgo de contraer una gripe? Cada vez con más frecuencia nos instan a vacunarnos y se nos dice que con la edad es más necesario hacerlo. Pero como informó en el año 2001 un epidemiólogo que trabaja en un sector del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, las vacunas contra la gripe sólo son eficaces entre un 30 y un 70 por ciento de las veces, en personas de más de 65 años. Mientras que entre la gente más joven y más sana, está entre el 70 y el 90 por ciento. "Uno quiere hacer lo que sea necesario para ayudar a disminuir el riesgo de contraer la gripe, tanto para uno como para alguien cercano", dijo la Dra. Carolyn Buxton Bridges. 1

Sin embargo, cuando usted busque la mejor forma de disminuir los riesgos de contraer la enfermedad, no descarte la ayuda espiritual. Las enseñanzas de Jesús dicen que entender a Dios, el Espíritu universal, es a la vez un poder sanador y una protección. Su ministerio sugiere que él entendía profundamente el significado de las palabras del salmista: "Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que Le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman". 2

Un día amanecí con síntomas de gripe. Por la tarde sentí ganas de irme a la cama, pero como tenía que estar en una reunión esa noche, me di cuenta de que necesitaba orar para sanarme. Al considerar los hechos básicos sobre quién es Dios y de qué manera hemos sido creados para expresar Su naturaleza bondadosa, fui teniendo la convicción de que la ayuda de Dios estaba a la altura de cualquier emergencia. Nunca se me ocurrió cancelar la reunión. Parte de mi oración la formaban pasajes tales como éste de Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras: "Sed firmes en vuestra comprensión de que la Mente divina gobierna y que en la Ciencia el hombre refleja el gobierno de Dios". 3 Por la noche ya estaba bien, y no necesité guardar cama.

Un par de años más tarde, los síntomas reaparecieron. Estaba conduciendo por una zona rural de camino a una reunión que tenía en el sur del estado. Así que oré de una manera similar a la que había orado antes, reconociendo para mí mismo que Dios es bueno y no crea la enfermedad. Afirmé que el Espíritu divino es perfecto y que, por lo tanto, somos espirituales y perfectos. "Por esa razón", me dije, "los síntomas de gripe no forman parte de nadie, por lo cual no pueden amenazarme ni tener control sobre mí". Continué razonando de esta manera y para cuando llegué a la reunión los síntomas habían desaparecido. Ese fue el fin , tanto de los resfríos como de la gripe. Desde entonces, las pocas veces en que las señales de un resfrío han aparecido, mi oración se ha encargado de ellos tan rápidamente que casi no los recuerdo.

Cuando nos tomamos la costumbre de afirmar estos hechos espirituales sobre la naturaleza de Dios y de qué manera nos creó, no sólo nosotros nos sanamos sino que también estamos preparados para sanar a otros que soliciten nuestras oraciones. Mary Baker Eddy escribió, refiriéndose a Dios como Verdad y Amor: "Mantened la mente tan llena de Verdad y Amor, que el pecado, la enfermedad y la muerte no puedan entrar en ella… Los buenos pensamientos son una armadura impenetrable; revestidos de ella, estaréis completamente protegidos contra los ataques de toda clase de error. Y no sólo vosotros estaréis a salvo, sino que también se beneficiarán todos aquellos en quienes pensáis". 4

Seguir este consejo es una manera práctica de detener la gripe. No tiene efectos secundarios peligrosos y puede ayudar también a amigos y vecinos. Cuando los pensamientos desbordan con la convicción del amor de Dios, benefician naturalmente a los demás y, al ayudar a otros, uno también es bendecido.

1 Véase "Physicians Call For Change in Flue Vaccine Recommendations", por John Cutter, WebMDHealth.
2 Salmos 145:18-20.
3 Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 393.
4 La Primera Iglesia de Cristo, Científico -y- Miscelánea, pág. 210.

Autor(a)
Robert A. Johnson
Artículo publicado originalmente en El Heraldo de la Ciencia Cristiana, ejemplar julio de 2002

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