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Inmunidad: una visión correctiva

Octubre de 2012 · Por: Jackson Guterres dos Santos Para: Revista Saludablemente
Inmunidad: una visión correctiva

Al estudiar la Biblia, se ve que Jesús curó lo que hoy es conocida como enfermedad infecto-contagiosa. En una ocasión, curó un caso aislado de lepra 1 y en otra curó diez personas simultáneamente 2. La Ciencia Cristiana revela que Jesús fue el hombre que comprendió y demostró la idea-Cristo, un poder divino y actuante en el pensamiento humano. Él demostró a toda la humanidad lo que es ser hijo de Dios y el potencial divino inherente a esa filiación, que incluye la inmunidad espiritual del ser.

Lo que había en común entre esas personas que fueron curadas es que, más allá de que buscasen purificación espiritual, procuraban una cura completa de un mal considerado incurable en la época. Una agravante era la condición a la cual esas personas quedaban sujetas: aislamiento total y desprecio de la sociedad. La curación cristiana, preconizada por Jesús, probó que para Dios no existe caso perdido ni imposibilidades. Tal hecho adviene del desdoblamiento natural de la ley divina, el bien, que prueba la actividad actual y perenne del Cristo, que trae consuelo y salvación universal.

La Ciencia Cristiana enseña que Jesús era dotado del Amor divino en tal medida, que reconocía a cada individuo solamente como un hijo perfecto de Dios. Tal fundamento crístico estaba solidificado en la comprensión que él mantenía acerca de su propia identidad, una idea de Dios inmaculada, completa, inmune, libre del miedo y de cualquier imposición material. Cuando él afirmó: "Yo y el Padre uno somos" 3 incluyó a toda la humanidad, sin excluir a nadie. Mary Baker Eddy escribió en su obra principal: "Jesús veía en la Ciencia al hombre perfecto, que aparecía a él donde el hombre mortal y pecador aparece a los mortales. En ese hombre perfecto el Salvador veía la semejanza misma de Dios, y esa manera correcta de ver al hombre sanaba a los enfermos." 4

Como el más exitoso sanador, Jesús es el modelo para la curación cristiana. Si la habilidad de curar por la Ciencia divina fuese una dispensación individual, Jesús no hubiera dicho que todos lo que creyesen en él realizarían las mismas obras que él, y otras mayores aún. Jesús no solo demostró la inmortalidad de la Vida divina por su resurrección y ascensión, sino que también prometió la continuidad del Consolador, lo que confirió eternidad a la idea-Cristo. Hace 143 años la Ciencia Cristiana viene revelando a la humanidad que el Cristo es actual, omnipresente, omnipotente, habla a la consciencia humana, salva y libra de todo mal. Así como Cristo Jesús enseñó en todas sus palabras y obras, la Ciencia Cristiana también revela la curación cristiana como un hecho continuo y atemporal.

Ponderando sobre la curación de los leprosos, ¿qué los llevó a que buscasen a Jesús? Ellos estaban en búsqueda de purificación física y mental. Jesús no dio ningún diagnóstico, ni hizo preguntas sobre el estado de salud de aquellas personas, porque mantenía el saber consciente acerca de todas las cosas y de cada ser como expresión de la perfección de Dios. Tal hecho es una ley divina que puede ser científica y constantemente demostrada por la curación de cualquier enfermedad. Cuando el leproso se aproximó a Jesús y le dijo: "Señor, yo sé que puedes curarme, si así lo quieres", Jesús, compadecido, respondió: "… ¡Sí! Quiero. Estás curado" 5.

Como en aquella época, el poder sanador cristiano inconmensurable e infinito está presente en la actualidad, en este preciso momento, y alcanza a todos, en cualquier lugar, sea cual fuere la situación que tengamos que enfrentar. Pude comprobar eso en 1990, cuando oré para reconocer la perfección e inmunidad inherentes a mi ser, como hijo perfecto y completo de Dios. La Ciencia Cristiana enseña que la curación proviene de la acción divina y que no hay ninguna necesidad de diagnóstico material. Pero en esa época, consulté la opinión de un especialista con la finalidad de alinear la defensa mental en mis oraciones, para anular las pretensiones erróneas, específicas del caso. Aprendí que se trataba de herpes zóster, popularmente conocido en algunos países como culebrilla o culebrina, manifestado en la región del abdomen y que, según el diagnóstico, era un tipo diferenciado de herpes que ataca a personas con baja inmunidad, pero que, en contrapartida, tenía la característica de "inmunizar" a aquellos infectados por este virus. No obstante, podría durar y causar dolor insoportable durante años.

Delante de este diagnóstico, continué confiando absolutamente en la oración para obtener una curación, sin usar ningún recurso medicinal. Como resultado, no sentí dolores, ninguna fibra nerviosa o músculo fue afectado. Recuerdo que uno de los elementos fundamentales de mi oración fue reconocer la pureza inherente a mi ser. También vencí el miedo del contagio y resistí la tentación de mirar para las zonas afectadas para ver si la curación ya se había completado. En pocos días los bultos sobre la región rojiza de la piel desaparecieron por completo, y no volvieron.

La curación a través del Cristo es completa, pues elimina el miedo y la inercia mental. La Ciencia Cristiana enseña que el principal elemento para alcanzar la curación a través de la oración es el pensamiento convencido, que no acepta el falso cuadro material de una coyuntura sin esperanza de curación. Al leer los relatos bíblicos siento que, al verse frente a situaciones que, por la opinión general, suscitaban pavor, desaliento y desprecio, Jesús mantenía el pensamiento elevado y dejaba que el Cristo, la actividad divina infalible y omniactiva, se ocupase del caso, y por eso la curación ocurría.

La inmunidad de cada persona es espiritual e intrínseca al ser completo, creado por Dios. Como todos reflejan a Dios, para infectar "el reflejo", sería necesario primero atacar al original, lo que sería imposible. La inmunidad espiritual es un atributo que el hombre posee por reflejar la inmortalidad divina. En esa base, la Ciencia Cristiana establece la totalidad de Dios y la nulidad de la materia. El desdoblamiento natural del bien, tal como la curación de los leprosos, es algo divino y natural, por lo tanto factible y demostrable, a todo momento. La inmunidad individual y colectiva está sustentada por la universalidad de la actuación del Cristo.

Este concepto más elevado, divino y permanente de inmunidad, fundado en el Cristo vivo, eterno y atemporal, es una ayuda presente en un momento en que los medios de comunicación sugieren una posible pandemia de la gripe A (H1N1), que está siendo conocida como gripe porcina. Sin embargo, podemos descansar en la certeza de la presencia y actividad individual y universal de la idea-Cristo, que destruye el miedo de contagio. A través de la oración, optamos por confiar en la realidad espiritual que garantiza la inmunidad de la creación de Dios, en vez de confiar en un cuadro material que presenta peligro de contaminación.

Regocijémonos en Dios, que por Su Cristo vivo y actual, garantiza salud e inmunidad verdaderas y permanentes para la humanidad.

1 Marcos 1:40-45
2 Lucas 17:11-14
3 Juan 10:30
4 Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, Pág. 476
5 Marcos 1:40-41

Autor(a)
Jackson Guterres dos Santos
Porto Alegre, Río Grande do Sul, Brasil.

Traducción libre del original en portugués titulado "Imunidade: uma visão corretiva", publicado por la revista El Heraldo de la Ciencia Cristiana en Portugués – O Arauto da Ciência Cristã

Todos los derechos The Christian Science Sentinel ©

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